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Domingo 30 de Julio

 

Reflexión del Evangelio
P. Cristhian Ogueda, ocd
Domingo 17 del tiempo ordinario.

¿Pídeme lo que quieras? Esa es la oferta que Dios le hace a Salomón. Y Jesús muchas veces preguntó lo mismo en el evangelio, diciendo: “¿qué quieres que yo haga por ti?”. Y muchos pedían lo que deseaban, la mayoría pedía salud. Aún hoy se dice: “habiendo salud y vida, todo está bien”. 

Los personajes que presenta la Escritura, por tanto, pidieron cosas buenas en sí. Salomón pidió sabiduría para gobernar bien, algo muy bueno, otros pidieron largos años, etc. A Jesús algunos le pidieron, “recobrar la vista”, “sanar paralíticos, etc.; cosas muy buenas en sí, y queridas por Dios. Dios siempre será un Dios bueno, un Dios de vida y de salud, y quiere que le pidamos eso, y lo procuremos con todas nuestras fuerzas. Pero después de la Pascua de Jesús, eso ya no es lo primero. Importante será, pero no lo primero. 

Hay algo mejor. Algo mejor que todo lo anterior. Algo tan superior a los bienes de la creación. Algo tan superior a la que no se la iguala nada imaginable por la mente del hombre. Algo que no se puede comparar con nada. Y nada de lo bueno de este mundo tiene sentido sin esta realidad. 

Esta realidad nueva es tan sin precio que Jesús mismo no halló como indicarla adecuadamente, y por eso tuvo que inventar parábolas, varias parábolas, para que, por indicios, sus discípulos fueran capaces de percibirla. Una realidad que trasvierte todos los criterios de este mundo. 

¿Pero qué es tan valioso que no tiene comparación? ¿qué es de tan alto precio que todo sumado y vendido aún es poco con tal de adquirirlo? 

Las personas piden, como Salomón hoy, cosas buenas en general. Pero un verdadero seguidor de Jesús ya no puede pedir cualquier cosa, por buena que sea. La única respuesta posible ante una oferta como la hecha a Salomón, “pídeme lo que quieras”, para un discípulo de Jesús será esta: “dame comprender tu evangelio”. 

Jesús para hablar de esta buena nueva del evangelio usaba la imagen del Reino de Dios, y hoy las parábolas nos hablan del valor de ese Reino. ¿Pero tan alto será su valor que en realidad vale más que la vida? Así lo dicen las parábolas de hoy, por tanto, en esto no puede haber duda alguna. 

Comprender, percibir, y recibir “el Reino de Dios” es lo más valioso de este mundo.

Jesús mismo, siendo Dios, no tuvo dificultad en vender todo lo que tenía con tal de vivir consagrado para este Reino de Dios: “vivió y murió para este Reino”. Pero no confundirse, el Reino no tiene nada que ver con prácticas religiosas, o rezar mucho. Eso ya lo hacían los fariseos. Es algo mucho más profundo que cosas hechas o no hechas por el hombre. Es una gracia que Dios comparte con todos, pero que hay que saber valorar. Por tanto, es lo que hoy debemos pedir, “hay que pedir que podamos ver este reino y podamos comprender su valor”. El que pide otra cosa, pierde. Hace el peor negocio de su vida.

Miles ya han conocido ese don, han entrado y siguen entrando en el evangelio. Es la única salida a todas las crisis humanas, sociales, y personales, de ahora y de todos los tiempos.

Que la vida sea una pasión por el evangelio, el estilo y modo de vida de Jesús. Si no vivimos el evangelio, nuestra vida será un tesoro de muy poco precio, por no decir que no valdrá nada.

Que tenga una linda semana.

 

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