Domingo IV del tiempo ordinario. 

Los Espíritus impuros hoy


Jesús hoy expulsa a un “espíritu impuro” de un hombre. Aunque sería más oportuno decirlo de otro modo, “un hombre” es liberado de un espíritu impuro. El centro del relato es el hombre, no el espíritu impuro. Al menos para Jesús lo que importa es el hombre. El hombre es el centro de la vida de Jesús. Él vive y muere por el hombre, y cada hombre con su rostro particular y concreto. Salvar al hombre, y no condenar al hombre. Es grande el contraste, en ese sentido, del evangelio de hoy con la primera lectura, donde David quiere condenar al hombre. 


Natán profeta cuenta una historia y David juzga que el hombre de esa historia debe morir. Terminada la historia narrada por el profeta, David se apresuró a dar la sentencia, “ese hombre debe morir”. La respuesta del profeta Natán es tremenda, “ese hombre eres tú”. 


Amar al hombre, vivir para el hombre, salvar al hombre. Hoy diríamos, amar a las personas, y vivir para ellas, ayudarlas, liberarlas. El que quiera vivir condenando a las personas, se condena a sí misma. En el fondo de la realidad somos una unidad, el bien y el mal de la humanidad, y de cada persona, nos pertenece. Hay una comunión que nos hace solidarios unos de los otros. Una solidaridad interior y radical que va más allá de lo visible y medible.


Los espíritus impuros de hoy, al menos en Chile, son muchísimos. Hoy muchas personas son víctimas de una mentalidad consumista, exitista, clasista, hedonista y auto-referente, que las tiene encorvadas sobre sí misma echando espumas de sufrimiento y rabia y soledad amarga por sus bocas. Y los comentarios que más se escucha son comentarios ácidos, y amargos juicios, que como David en la primera lectura de hoy, son condena a otras personas. Condena y juicio a los otros, a los próximos, a los que no amo ni sirvo. 


Jesús quiere hoy sanar a este país, y que por fin, nadie condene a nadie, pero para que este país sea salvado debe entrar en un nuevo espíritu. Entrar en la mentalidad pura de Jesús, en su espíritu, que sabe mirar y reconocer a los otros. Ver más allá de nuestras narices. Los más jóvenes deben hablar, no deben callar, ellos llevan la semilla de la renovación de este país tan injusto, insolidario, polarizado, y atontado por el aburguesamiento y la auto-referencialidad. El lema pareciera ser, sálvese quien pueda, y detrás de esta expresión, cuanta soledad e injusticia dolorosa arrastran tantos rostros cansados de estar tan encerrados en sí mismos...
Todos somos hermanos y hermanas, y hay un unión tan íntima entre todos que va más allá de los credos, religiones, razas, etnias, clases sociales, etc. En fin, amar a las personas y a todas las personas, que esas personas, somos nosotros mismos: “tú eres ese hombre”, tú eres esa persona…


Feliz domingo
P Cristhian Ogueda, ocd