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ÁNGELUS DE BENEDICTO XVI

“La humildad nos acerca a Dios”

"Queridos hermanos y hermanas:

En el Evangelio de este domingo (Lc 14,1.7-14), encontramos a Jesús como comensal en la casa de un jefe de los fariseos. Dándose cuenta de que los invitados elegían los primeros puestos en la mesa, Él...

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La Iglesia y Teresita de Los Andes Nº 9 PDF Imprimir E-mail

Devoción Mariana Filial y Alegría Interior.

 

 

 

b. Devoción mariana filial

Lógicamente esa centralidad en Cristo estaba íntimamente unida a su familiar trato con la Virgen María: “Al mismo tiempo, cultivó una fervorosa piedad y  una tierna confianza para con la Virgen María. ‘Le contaba todo lo que me pasaba y ella me hablaba. Sentía su voz dentro de mí misma clara y distintamente. Ella me aconsejaba y me decía lo que debía hacer para agradar a Nuestro Señor’ [Cta 24.4.1919]. ‘Nuestro Señor, desde aquí, se puede decir, me tomó de la mano con la Santísima Virgen’ [Diario 4]” (D 3; cf D 6).

 

c. Alegría interior

No extraña que una joven como Teresa de Los Andes hable de alegría. Pero su alegría sale del trato íntimo con Dios. Lo dirá cuatro veces: “Créeme que me pregunto a cada momento si estoy en el cielo, pues me veo envuelta en una atmósfera divina de paz, de amor, de luz y alegría infinitas” (Cta 96). Y su consigna a las amigas íntimas ser: “Vivir siempre muy alegres. Dios es alegría infinita” (Carta 101, cf Cta 136 y 148). Y el Decreto de su beatificación le da un realce especial a este aspecto.

 

En efecto, esa frase de Teresa de Los Andes “Dios es alegría infinita” es la gran consigna suya que la juventud chilena la ha tomado para sí como su testamento. Y el Papa también la puso en primer plano en su homilía, tanto en el Decreto como en la homilía de su  beatificación:

 

“Se gozaba siempre en el Señor y se propuso llevar el gozo y la alegría a todas partes; cultivó la amistad; se empeñaba en los juegos con entusiasmo y competencia; gozaba de la belleza de la naturaleza desde el lado religioso, así como de la música y del canto. Veía la huella del Padre de la bondad y la perfección.” (D 3).

 

“El año 1906, Jesús comenzó a apoderarse de su corazón, casi sensiblemente, encontrando en la niña, una alegre y joven correspondencia, que, al correr de los años, creció tanto, que se convirtió en una amistad indisoluble y en una entrega total, viviendo desde entonces una gran alegría interior. Desde entonces la Sierva de Dios comenzó un camino hacia los bienes elevados, ‘fijos lo ojos en Jesús, autor y perfeccionador de la fe’ (Heb 12,2)” (D 3).

 

“Para ella Dios es alegría infinita. He ahí el nuevo himno del amor cristiano que brota espontáneo en el alma de esta joven chilena, en cuyo rostro glorificado adivinamos la gracia de la transformación en Cristo” (D 4).

 

Esa alegría interior nacía, según Juan Pablo II, de una vida de cercanía y amistad con Jesús: “Teresa de Los Andes experimentó desde muy niña la gracia de la comunión con Cristo, que fue desarrollándose progresivamente en ella con el encanto de su juventud, llena de vitalidad y jovialidad, en la que no faltó, como hija de su tiempo, el sentido del sano esparcimiento y del deporte, el contacto con la naturaleza. Era una joven alegre y dinámica” (D 4).

 

Al entrar en el Carmelo,  esa alegría llegará a su colmo. Y Juan Pablo II buscará en los escritos de Teresa misma su porqué: “El gozo de su alma era incontenible: ‘Soy feliz y nunca dejaré de serlo, porque soy de Dios’” (D 3).

 

 

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